Me esfuerzo mucho por cosas que a lo mejor a los demás no les cuesta un esfuerzo bestial.
Y me siento orgullosa de esas cositas que a mí me parecen muy difíciles de hacer.
El orgullo de levantarme aún sin ganas, solo porque nadie me vea en la cama.
El orgullo de ir a clase o a trabajar con migraña, o con vértigos.
El orgullo de sonreír cuando solo me apetece llorar pero me pinto una sonrisa casi imborrable, y me pongo el vestido más bonito para parecer guapa ante el espejo.
Orgullosa cuando me enfrento a ese miedo que me aterra, porque un día me dijeron que para vencer al miedo, hay que enfrentarse a él.
Así que para ello a veces hago la maleta y viajo sola, o me adentro en una plaza abarrotada para vencer mi agobio a las multitudes.
Ya no me preocupa que la gente me vea tal cual soy, pues me siento orgullosa de mi forma de ser, de mi forma de vestir y de lo que he conseguido.
Orgullosa de no rendirme cuando todo parecía imposible, y así estar sin dormir hasta aprobar un examen que me tenía de los nervios.
El esfuerzo que a veces cuesta vivir cada día, de la misma manera, sin ganas, y acostumbrarse a una situación que no te gusta, pero no sabes como cambiar, y ojo, esto supone un esfuerzo, porque no es fácil querer hacer algo y no saber como.
Estoy orgullosa de pelear contra mí y contra mis monstruos y de ir ganando las batallas de cada día.
Porque ser yo no es fácil, pero es aunque suene algo egocéntrico, es maravilloso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario